jueves, 24 de febrero de 2011

Capítulo 26: Cambios

-Voy a desayunar, ¿te traigo algo?
-Traeme un par de magdalenas, porfa - le pide Sara casi susurrandole.
-Está bien, ahora vengo - Nico se dirige a la cocina. Por el camino se encuentra con la madre de Sara, la cual está feliz de que él esté allí, apoyándola. Nico la saluda con un amable "buenos días" mientras que la madre de Sara le contesta lo mismo, incluso le pregunta amablemente sobre cómo ha dormido.
Nico se dirige hacia la habitación de Sara cuando de repente algo cae de su bolsillo. Un llavero. Todavía llevaba puestos los pantalones con los que llegó a casa. Aquel llavero de Nora... todavía la recuerda... puede que el tiempo pase, pero nunca es demasiado para olvidar...
Mira aquel pequeño recuerdo y vuelve a introducirlo en su bolsillo. "Ella ya ha hecho su vida, no me necesita, yo se supone que intento poner en orden la mía, pero en cambio, sí que la necesito". Después de pensar aquello camina por el pasillo y entra en la habitación.
-Aquí tienes tus magdalenas.
-Perfecto, gracias.
Nico se sienta en la cama a tomar su desayuno mientras que ella revisa su correo en el ordenador mientra se come esas magdalenas que Nico le ha traído.
-Tengo que irme- dice Nico en cuanto termina.
-¿Volverás¿
-Esta noche me tienes aquí de vuelta - Sara se acerca y lo besa - te quiero.
-Y yo, Sara.
Sale de la casa despidiéndose de la madre de Sara. Camina hasta su casa, aunque se haya mudado a casa de Sara sigue yendo de vez en cuando allí para visitar a su padre o simplemente para no tener la obligación de estar con Sara todo el día. Va andando, ya que le apetece caminar.
De repente saca su móvil del bolsillo, cree que ha sonado, pero no, allí no hay ninguna llamada ni mensaje. Mira la agenda. Allí está, donde siempre. Ella. Nora. no se ha marchado, no de su móvil como tampoco de su cabeza...
decide llamarla. Sí. ¿Por qué no hacerlo?¿Qué tiene de malo interesarse por ella? Pueden perfectamente ser amigos. Sí. Marca su número, se lo sabe de memoria, pulsa la tecla de llamada.

-¡Quién sea a estas horas me ha despertado! - grita Nora cuando escucha sonarsu móvil, saltando de la cama.
-¿Si?
-¿Nora? - la voz le resulta conocida, pero no la asocia. Quizá ha pasado demasiado tiempo...
-La misma, a la que has despertado - al otro lado del teléfono alguien ríe - no te rías, quién quiera que seas, ¡estaba durmiendo!
-¿No sabes quién soy? - dice Nico sorprendido
-Tu voz me es familiar... mmm... - al poco cae - ¿Nico?
-El mismo, el que te ha despertado y el que lo siente. Veo que sigues teniendo el mismo humor mañanero - ríe
-Lo siento, no pretendía gritarte, en fin, qué raro que me llames... ¿ha pasado algo?¿Sara está bien?
-No, no, Sara está bien. Simplemente quería... no sé... hablar contigo... e invitarte auna cerveza esta tarde en el Pandemonium, pago yo
-Mmm... bueno, vale, ¡quiero ver si has cambiado algo en este tiempo!
-Vale, Nora - decir aquel nombre le produce una punzada - a las siete paso esta tarde a por ti, ¡estate arreglada!
-Sabes que siempre soy puntual, ¡no como tú!
-Tranquila, esta vez lo seré, nos vemos más tarde, ¡chao!
-Hasta luego, Nico, un beso.

Es sábado. Jonathan sigue durmiendo, pero no tarda mucho en sonar su despertador. Las once. Se levanta de la cama. Allí en su mesita está apuntado sobre un trozo de papel el número de aquel chico, Hugo. Sonríe al recordar aquel beso inesperado... "pero no Jonathan, a ti te gustan las chicas, ¿por qué te has fijado en Hugo?" piensa.
Se dirige hacia la ducha. Enciende aquel radiocasete que Nora y sus amigos le regalaron por su cumpleaños. Nora, Héctor... no, no quiere pensar en eso ahora.
Se desnuda y se mete en la ducha mientras suena aquella canción de Linkin park, Numb.

-¡Adivina quién me ha llamado esta mañana!
-Ya tiene que ser importante para que tú me llames a estas horas, soy yo la que madrugo siempre, no tú.
Nora ríe emocionada:
-Es un chico
-¿Héctor? eso no es nada nuevo...
-¡No, tonta! Con Héctor no he hablado desde que me dejó tirada - aquello le duele al decirlo.
-¿Entonces...?
-¡Va, intenta adivinarlo!
-Mmm... no sé...
-Empieza por N
-Dime que no - Sara se queda por un momento en silencio - ¿Nico?
-¡Siiii! - grita Nora emocionada
-Pero, ¿cómo?¿qué te ha dicho?
-No sé, decía que le apetecía hablar conmigo y hemos quedado esta tarde para ir al Pandemonium - Nora sonríe ante aquella idea aunque su amiga no pueda verla.
-¡Vais a volver! ¿Y Héctor? Seguro que él ha cortado con esa...
-No vamos a volver, yo estoy con Héctor y él no sé si sigue con Sara o no, pero vamos, que no me interesa... - miente en aquello último, ya que siempre le ha interesado.
Siguen hablando. Sara sigue pensando que Nico no había llamado a Nora después de tanto tiempo para simplemente charlar con ella. En cambio, Nora, aunque realmente pensaba que su amiga tenía razón, intenta mostrarle lo contrario.

Se tumba en la cama donde horas ants había estado con Nico. Ha terminado de buscar algo nuevo en su correo. Publicidad es lo único que ha encontrado.
Decide salir un rato a pasear.
-Mamá, me voy, no tardaré
-Vale hija, ¡ten cuidado!
-Sí, adiós
-Adiós cariño
Sara lleva un pantalón vaquero. Arriba lleva la camiseta que se compró el jueves pasado en New Yorker, una azul claro. En su bolsillo derecho lleva el mp4. Empieza por una canción de Rihanna, Rude boy. Va caminando por su calle, perdiendose en el ritmo de aquella canción tan pegadiza, observando cada una de las personas que pasan por su lado.
Se para en un semáforo. No hay mucha gente allí, pero aun así alguien se choca con ella. Consigue tirarla al suelo. Su pantalón se ha roto, aunque solo es un pequeño agujero en la zona de la rodilla. Le duelen las manos aunque consigue levantarse.
-Lo siento, lo siento mucho, no pretendía... - Sara se gira.
Delante de ella dos grandes ojos azules la observan. Pelo rubio. Algo más alto que ella. Rasgos perfectos a su modo de ver.
También él la mira, y se queda fascinado, casi tanto que prácticamente no le salen las palabras.
-Tranquilo, solo han sido unos rasguños, nada grave
-Perdóname, en serio, tenía prisa y no te he visto
-Creo que no soy tan pequeña - Sara ríe.
-No quería decir eso - aquel chico también ríe - me llamo Aarón.
-Yo soy Sara, un placer
-Tengo que irme, perdona, recuerda que tengo prisa - sonríe
-Oh vale... ¡suerte!
-Adiós guapa
-Chao...
Sara introduce las manos en ambos bolsillos vigilando que todas sus cosas sigan allí. Pero entre ellas hay algo distinto, algo que anteriormente no estaba ahí. Un trozo de papel, en él algo escrito.
"Déjame compensarte, Aarón." y junto a aquellas palabras también hay escrito un número de móvil. Sara lo apunta en su móvil y tira aquella nota, no quiere que Nico la vea y pueda pensar que tiene un amante o algo parecido.

Capítulo 25: Samantha / parte 2

Llaman al teléfono. Nora no se había dormido todavía, así que baja corriendo las escaleras en dirección al comedor. ¿Sería él?¿Qué le habría pasado para no ir a recogerla?

-¿Si?
-¿Nora?
-¿Quién es?
-Soy Pablo, ¿está Carol?
-Sí, ahora mismo te la paso
-¡Carol, es para ti! - grita Nora desde la otra punta de la casa.

Carol coge rápidamente el teléfono y se marcha de allí hablando con Pablo. Lo conoce, es un buen chico, y está pilladísimo por su hermana.
Nora piensa que ya no va a recibir la llamada de Héctor. Son las diez de la noche, no la va a llamar... así que decide coger un libro y ponerse a leer. Al poco tiempo se cansa y lo deja tirado encima de su cama vacía.
Se asoma al balcón y se enciende un cigarro. L y M, sus favoritos después de los Marlboro. En este preciso momento escucha sonar su móvil. Apaga por un instante el cigarrillo en la pared que tiene más cercana y se acerca al móvil. Es Héctor.

-¿Si?
-Nora, soy yo, siento lo de a mediodía, pero unos amigos me han pillado por sorpresa y me han invitado a un par de Coca colas, se me ha pasado el tiempo volando...
-¿Y me llamas ahora? Si que has pasado tiempo con ellos para que solo te hayan invitado a un par de Coca colas...
-Bueno, después hemos ido al Pandemonium, hemos jugado un rato al billar y se me ha hecho tarde... lo siento...
-Mmm... tengo que dejarte, mis padres vienen y voy a saludarlos. Ya hablamos.
-Vale, te quiero - intenta arreglarlo, pero no funciona ya que ella ha colgado.

-Hola papá, hola mamá, ¿qué tal el día en el campo?
-Demasiadas flores y bichos - contesta su madre asqueada, pero su padre parece más contento - Bien, el día ha ido de maravilla, ¡tendrías que haber venido!
-Bueno papá, ya sabes que soy más de playa - Nora ríe.
Poco después baja su hermana, que también trata de interesarse.
Una vez han terminado de charlar, los cuatro se dirigen a la cocina. La madre de Nora cocina, mientras que su padre, su hermana y ella se encargan de poner la mesa y una vez puesta se sientan frente al televisor. Aunque Nora no deja de pensar ni un momento en qué habrá estado haciendo esa tarde Héctor...

En otra casa...
Antoine ya se ha marchado hace rato, se hubiera quedado esa noche para intentar ayudar a Ana en el intento de convencer a sus padres para irse a vivir a casa de Antoine, pero ha preferido no intervenir y dejar que hablen las cosas entre ellos.

-Mamá, papá, ¡al fin habeis llegado! ¡Tengo noticias!
-Hola hija, sí, el chalet muy bien, gracias por interesarte - le dice su padre en un modo irónico.
-¿Qué tal el chalet? - Ana sonríe burlona.
-Va, informanos sobre las noticias - dice su madre expectante
-He estado con Antoine
-Eso no es una noticia, o... ¡¿estás embarazada?! - su padre la mira con cara de pánico.
-No papá, no estoy embarazada. Vereis, Antoine me ha propuesto irme a vivir con él - Ana espera la reacción de sus padres ansiosa.
-¿Qué opinas, cariño? - la madre de Ana mira expectante a su marido.
-¿Tan enamorados estais?
-Le quiero, papá
-¿Tanto como para irte a vivir con él y con sus padres?
-Claro que sí, estoy dispuesta a eso y más
-Entonces está bien, si eres feliz nosotros también lo seremos. Solo te pido que nos visites de vez en cuando.
-Sí, porque te echaremos mucho de menos... - dice su madre
-Yo también a vosotros... ¡voy a llamar a Antoine! - Ana se aleja de allí feliz, en dirección a su cuarto, donde ha pasado aquella maravillosa tarde con Antoine.