sábado, 21 de agosto de 2010

Capítulo 24: Te quiero.

Abre los ojos. Ella está allí. Sentada justo frente a él, con las piernas cruzadas. Nico pestañea, todavía tiene sueño. Anoche llegó tarde ya que salió a tomar algo con su amigo Antoine, al que hacía varias semanas que no veía.
Hubiera elegido un buen restaurante para ir a cenar, pero conoce a su amigo y sabe que prefiere una buena hamburguesa, algo rápido.
- Y bueno, cuéntame, ¿cómo te va con Ana?
-Tengo que darte otra vez las gracias por presentarmela, es perfecta, ¡todo entre nosotros va genial!
-Me alegro tío, mucho
-¿Sabes...? Voy a decirle que se venga a vivir conmigo, conmigo y con mis padres, mañana quedaré con ella y se lo diré, estoy muy ilusionado
-¿Tus padres qué opinan al respecto?
-Están de acuerdo en todo, la adoran - Antoine sonríe entusiasmado con la idea de vivir juntos, de despertar cada mañana junto a ella, de poder pasarse días enteros a su lado...
Nico y Antoine siguen hablando, sobre Ana, sobre Sara, sobre la familia de cada uno, sueños, novedades...
-En fin Antoine, tengo que marcharme, Sara estará esperándome, espero verte otro día sin que pasen semanas de por medio
-Vale Nico, te llamaré en cuanto pueda, lo prometo, y saluda a Sara de mi parte
-Lo haré, y suerte con lo de Ana
-Gracias
-Adiós
-Chao, ¡nos vemos!
Nico coge un taxi. Lo deja frente a la casa de Sara.

Vuelve a aquel día por la mañana.
-¿Cómo has dormido?
-Muy bien, ¿y tú?
-Genial - sonríe - lo que pasa es que ya no podía dormir más y por eso estaba ahora despierta.
Nico sonríe, aun sin ganas todavía de mover un dedo.

Nora se mira en el espejo. Sigue sin estar conforme con el pelo que lleva. Prueba a hacerse dos trenzas, pero sigue sin gustarle. Finalmente encuentra una diadema en uno de los cajones de su madre. Le gusta.
Se pinta la raya de los ojos. Perfecta. Un poco de colorete y ... ¡terminado!
Poco después alguien llama a la puerta. Nora corre escaleras abajo en dirección hacia el recibidor.
Abre convencida buscando el rostro de Héctor, pero quién está allí no es él.
-¿Jonathan?
-Nora, ¿pueblo hablar contigo?
-Sí, pasa - Jonathan entra en el salón, se sienta en el sofá más próximo a la ventana.
-¿Quieres beber algo?
-No, gracias, si no voy a quedarme mucho rato, tranquila.
Nora se sienta en el sofá, a su lado.
-Estás realmente guapa, hacía tiempo que no te veía...
-Gracias, sí.. bastante
-Bueno, voy a lo que quería decirte...
-Cuéntame
-Sé que estás saliendo con Héctor, me lo contó ayer
-Esto... yo... quería habertelo contado... pero...
-Sé que no querías que me hiciera daño, Héctor me lo dijo, pero aunque intente evitarlo me duele, porque yo siempre te he querido... y te quiero, pero solo quiero que tú seas feliz, y si así lo eres, enhorabuena, y ¡suerte con él!
-Gracias Jonathan, gracias por entenderme, en serio
Jonathan se levanta del sofá. Admira por última vez a Nora. La abraza a modo de despedida. Ella lo acompaña hasta la puerta, se despiden con un par de besos y Jonathan se marcha calle abajo.

"Todos los días, a todas horas, cada minuto y hasta cada segundo, pienso en ti, no hay nada más que no seas tú y tu dichoso olor, te quiero."
-No me gusta, demasiado cursi, no...
Vuelve a leer lo que hay escrito sobre aquel folio, solo unas líneas, algo de imaginación, y un resultado pésimo.
Rompe el folio. Acto seguido coge otro de debajo de su mesa y comienza a escribir. Sí. Este parece que logra convencerla. Ana mira cada una de las palabras que ha escrito, corrige algunas, pero todo lo demás es perfecto.
En esos momentos suena su móvil. Ana lo coge inmediatamente ya que lo tiene en la misma mesa.
-¿Diga?
-Soy yo, ¿estás haciendo algo?
-No, cariño, pásate por casa si quieres, te espero aquí
-Vale, te quiero
-Y yo
Cuelga. Se levanta de la silla. El folio se ha quedado allí, encima de la mesa. Entra en su habitación pero de repente suena el telefonillo. Debe de ser Antoine, ¡qué rápido!
Abre la puerta y, en efecto, Antoine está allí con un ramo de rosas rojas. Ella se avalenza sobre él y lo besa.
Hoy hacen un mes, que aunque parezca poco, para ellos ha sido el mes más especial de sus vidas.
-Tequiero, Antoine
-Yo tambié, Ana, y mucho - se besan.

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