jueves, 24 de febrero de 2011

Capítulo 26: Cambios

-Voy a desayunar, ¿te traigo algo?
-Traeme un par de magdalenas, porfa - le pide Sara casi susurrandole.
-Está bien, ahora vengo - Nico se dirige a la cocina. Por el camino se encuentra con la madre de Sara, la cual está feliz de que él esté allí, apoyándola. Nico la saluda con un amable "buenos días" mientras que la madre de Sara le contesta lo mismo, incluso le pregunta amablemente sobre cómo ha dormido.
Nico se dirige hacia la habitación de Sara cuando de repente algo cae de su bolsillo. Un llavero. Todavía llevaba puestos los pantalones con los que llegó a casa. Aquel llavero de Nora... todavía la recuerda... puede que el tiempo pase, pero nunca es demasiado para olvidar...
Mira aquel pequeño recuerdo y vuelve a introducirlo en su bolsillo. "Ella ya ha hecho su vida, no me necesita, yo se supone que intento poner en orden la mía, pero en cambio, sí que la necesito". Después de pensar aquello camina por el pasillo y entra en la habitación.
-Aquí tienes tus magdalenas.
-Perfecto, gracias.
Nico se sienta en la cama a tomar su desayuno mientras que ella revisa su correo en el ordenador mientra se come esas magdalenas que Nico le ha traído.
-Tengo que irme- dice Nico en cuanto termina.
-¿Volverás¿
-Esta noche me tienes aquí de vuelta - Sara se acerca y lo besa - te quiero.
-Y yo, Sara.
Sale de la casa despidiéndose de la madre de Sara. Camina hasta su casa, aunque se haya mudado a casa de Sara sigue yendo de vez en cuando allí para visitar a su padre o simplemente para no tener la obligación de estar con Sara todo el día. Va andando, ya que le apetece caminar.
De repente saca su móvil del bolsillo, cree que ha sonado, pero no, allí no hay ninguna llamada ni mensaje. Mira la agenda. Allí está, donde siempre. Ella. Nora. no se ha marchado, no de su móvil como tampoco de su cabeza...
decide llamarla. Sí. ¿Por qué no hacerlo?¿Qué tiene de malo interesarse por ella? Pueden perfectamente ser amigos. Sí. Marca su número, se lo sabe de memoria, pulsa la tecla de llamada.

-¡Quién sea a estas horas me ha despertado! - grita Nora cuando escucha sonarsu móvil, saltando de la cama.
-¿Si?
-¿Nora? - la voz le resulta conocida, pero no la asocia. Quizá ha pasado demasiado tiempo...
-La misma, a la que has despertado - al otro lado del teléfono alguien ríe - no te rías, quién quiera que seas, ¡estaba durmiendo!
-¿No sabes quién soy? - dice Nico sorprendido
-Tu voz me es familiar... mmm... - al poco cae - ¿Nico?
-El mismo, el que te ha despertado y el que lo siente. Veo que sigues teniendo el mismo humor mañanero - ríe
-Lo siento, no pretendía gritarte, en fin, qué raro que me llames... ¿ha pasado algo?¿Sara está bien?
-No, no, Sara está bien. Simplemente quería... no sé... hablar contigo... e invitarte auna cerveza esta tarde en el Pandemonium, pago yo
-Mmm... bueno, vale, ¡quiero ver si has cambiado algo en este tiempo!
-Vale, Nora - decir aquel nombre le produce una punzada - a las siete paso esta tarde a por ti, ¡estate arreglada!
-Sabes que siempre soy puntual, ¡no como tú!
-Tranquila, esta vez lo seré, nos vemos más tarde, ¡chao!
-Hasta luego, Nico, un beso.

Es sábado. Jonathan sigue durmiendo, pero no tarda mucho en sonar su despertador. Las once. Se levanta de la cama. Allí en su mesita está apuntado sobre un trozo de papel el número de aquel chico, Hugo. Sonríe al recordar aquel beso inesperado... "pero no Jonathan, a ti te gustan las chicas, ¿por qué te has fijado en Hugo?" piensa.
Se dirige hacia la ducha. Enciende aquel radiocasete que Nora y sus amigos le regalaron por su cumpleaños. Nora, Héctor... no, no quiere pensar en eso ahora.
Se desnuda y se mete en la ducha mientras suena aquella canción de Linkin park, Numb.

-¡Adivina quién me ha llamado esta mañana!
-Ya tiene que ser importante para que tú me llames a estas horas, soy yo la que madrugo siempre, no tú.
Nora ríe emocionada:
-Es un chico
-¿Héctor? eso no es nada nuevo...
-¡No, tonta! Con Héctor no he hablado desde que me dejó tirada - aquello le duele al decirlo.
-¿Entonces...?
-¡Va, intenta adivinarlo!
-Mmm... no sé...
-Empieza por N
-Dime que no - Sara se queda por un momento en silencio - ¿Nico?
-¡Siiii! - grita Nora emocionada
-Pero, ¿cómo?¿qué te ha dicho?
-No sé, decía que le apetecía hablar conmigo y hemos quedado esta tarde para ir al Pandemonium - Nora sonríe ante aquella idea aunque su amiga no pueda verla.
-¡Vais a volver! ¿Y Héctor? Seguro que él ha cortado con esa...
-No vamos a volver, yo estoy con Héctor y él no sé si sigue con Sara o no, pero vamos, que no me interesa... - miente en aquello último, ya que siempre le ha interesado.
Siguen hablando. Sara sigue pensando que Nico no había llamado a Nora después de tanto tiempo para simplemente charlar con ella. En cambio, Nora, aunque realmente pensaba que su amiga tenía razón, intenta mostrarle lo contrario.

Se tumba en la cama donde horas ants había estado con Nico. Ha terminado de buscar algo nuevo en su correo. Publicidad es lo único que ha encontrado.
Decide salir un rato a pasear.
-Mamá, me voy, no tardaré
-Vale hija, ¡ten cuidado!
-Sí, adiós
-Adiós cariño
Sara lleva un pantalón vaquero. Arriba lleva la camiseta que se compró el jueves pasado en New Yorker, una azul claro. En su bolsillo derecho lleva el mp4. Empieza por una canción de Rihanna, Rude boy. Va caminando por su calle, perdiendose en el ritmo de aquella canción tan pegadiza, observando cada una de las personas que pasan por su lado.
Se para en un semáforo. No hay mucha gente allí, pero aun así alguien se choca con ella. Consigue tirarla al suelo. Su pantalón se ha roto, aunque solo es un pequeño agujero en la zona de la rodilla. Le duelen las manos aunque consigue levantarse.
-Lo siento, lo siento mucho, no pretendía... - Sara se gira.
Delante de ella dos grandes ojos azules la observan. Pelo rubio. Algo más alto que ella. Rasgos perfectos a su modo de ver.
También él la mira, y se queda fascinado, casi tanto que prácticamente no le salen las palabras.
-Tranquilo, solo han sido unos rasguños, nada grave
-Perdóname, en serio, tenía prisa y no te he visto
-Creo que no soy tan pequeña - Sara ríe.
-No quería decir eso - aquel chico también ríe - me llamo Aarón.
-Yo soy Sara, un placer
-Tengo que irme, perdona, recuerda que tengo prisa - sonríe
-Oh vale... ¡suerte!
-Adiós guapa
-Chao...
Sara introduce las manos en ambos bolsillos vigilando que todas sus cosas sigan allí. Pero entre ellas hay algo distinto, algo que anteriormente no estaba ahí. Un trozo de papel, en él algo escrito.
"Déjame compensarte, Aarón." y junto a aquellas palabras también hay escrito un número de móvil. Sara lo apunta en su móvil y tira aquella nota, no quiere que Nico la vea y pueda pensar que tiene un amante o algo parecido.

Capítulo 25: Samantha / parte 2

Llaman al teléfono. Nora no se había dormido todavía, así que baja corriendo las escaleras en dirección al comedor. ¿Sería él?¿Qué le habría pasado para no ir a recogerla?

-¿Si?
-¿Nora?
-¿Quién es?
-Soy Pablo, ¿está Carol?
-Sí, ahora mismo te la paso
-¡Carol, es para ti! - grita Nora desde la otra punta de la casa.

Carol coge rápidamente el teléfono y se marcha de allí hablando con Pablo. Lo conoce, es un buen chico, y está pilladísimo por su hermana.
Nora piensa que ya no va a recibir la llamada de Héctor. Son las diez de la noche, no la va a llamar... así que decide coger un libro y ponerse a leer. Al poco tiempo se cansa y lo deja tirado encima de su cama vacía.
Se asoma al balcón y se enciende un cigarro. L y M, sus favoritos después de los Marlboro. En este preciso momento escucha sonar su móvil. Apaga por un instante el cigarrillo en la pared que tiene más cercana y se acerca al móvil. Es Héctor.

-¿Si?
-Nora, soy yo, siento lo de a mediodía, pero unos amigos me han pillado por sorpresa y me han invitado a un par de Coca colas, se me ha pasado el tiempo volando...
-¿Y me llamas ahora? Si que has pasado tiempo con ellos para que solo te hayan invitado a un par de Coca colas...
-Bueno, después hemos ido al Pandemonium, hemos jugado un rato al billar y se me ha hecho tarde... lo siento...
-Mmm... tengo que dejarte, mis padres vienen y voy a saludarlos. Ya hablamos.
-Vale, te quiero - intenta arreglarlo, pero no funciona ya que ella ha colgado.

-Hola papá, hola mamá, ¿qué tal el día en el campo?
-Demasiadas flores y bichos - contesta su madre asqueada, pero su padre parece más contento - Bien, el día ha ido de maravilla, ¡tendrías que haber venido!
-Bueno papá, ya sabes que soy más de playa - Nora ríe.
Poco después baja su hermana, que también trata de interesarse.
Una vez han terminado de charlar, los cuatro se dirigen a la cocina. La madre de Nora cocina, mientras que su padre, su hermana y ella se encargan de poner la mesa y una vez puesta se sientan frente al televisor. Aunque Nora no deja de pensar ni un momento en qué habrá estado haciendo esa tarde Héctor...

En otra casa...
Antoine ya se ha marchado hace rato, se hubiera quedado esa noche para intentar ayudar a Ana en el intento de convencer a sus padres para irse a vivir a casa de Antoine, pero ha preferido no intervenir y dejar que hablen las cosas entre ellos.

-Mamá, papá, ¡al fin habeis llegado! ¡Tengo noticias!
-Hola hija, sí, el chalet muy bien, gracias por interesarte - le dice su padre en un modo irónico.
-¿Qué tal el chalet? - Ana sonríe burlona.
-Va, informanos sobre las noticias - dice su madre expectante
-He estado con Antoine
-Eso no es una noticia, o... ¡¿estás embarazada?! - su padre la mira con cara de pánico.
-No papá, no estoy embarazada. Vereis, Antoine me ha propuesto irme a vivir con él - Ana espera la reacción de sus padres ansiosa.
-¿Qué opinas, cariño? - la madre de Ana mira expectante a su marido.
-¿Tan enamorados estais?
-Le quiero, papá
-¿Tanto como para irte a vivir con él y con sus padres?
-Claro que sí, estoy dispuesta a eso y más
-Entonces está bien, si eres feliz nosotros también lo seremos. Solo te pido que nos visites de vez en cuando.
-Sí, porque te echaremos mucho de menos... - dice su madre
-Yo también a vosotros... ¡voy a llamar a Antoine! - Ana se aleja de allí feliz, en dirección a su cuarto, donde ha pasado aquella maravillosa tarde con Antoine.

lunes, 23 de agosto de 2010

Capítulo 25: Samantha - parte 1

Nora mira el teléfono. Hace una hora que Jonathan se ha marchado y hora y media que había quedado con Héctor. Decide llamarlo, pero su móvil está apagado.
Nora se tumba en el sofá e intenta distraerse viendo la televisión.
"En algún momento tendrá que venir" piensa. Pero pasa otra media hora y allí no aparece nadie.
Decide subir a su cuarto. Después pasa por el baño y se quita el maquillaje. Se recoge un moño y va a la habitación de su hermana.
-Carol, me voy a dormir
-¿Pero no habías quedado con Héctor? Además, son las cuatro de la tarde...
-Quiero dormir un rato...
-Bueno, está bien... ¡si llama alguien te aviso!
-Vale - Nora cierra la puerta y se tumba en su cama.

-¡¿Que quieres que me vaya a vivir contigo?! - Ana está ilusionada
-Sí, vente, mis padres han aceptado sin problemas
-¿Y mis padres?¿Qué voy a decirles?
-¡Si quieres yo hablo con ellos, o mis padres hablan con ellos...! - Antoine también está emocionado, sonríe.
Ana lo besa. Esa misma noche hablará con ellos y no tardará mucho en irse a vivir con la persona que más quiere en el mundo.
-Espera, dame un minuto, ¡no te muevas! - Antoine permanece sentado en la cama de Ana mientras ella viene.
Ana corre contenta hacia el salón, buscando el folio que había dejado antes sobre la mesa. Lo encuentra. Repasa bien las palabras que ha escrito. Acto seguido vuelve corriendo a su habitación, se avalanza sobre Antoine y le da el folio.
"Este ha sido el mejor mes de mi vida, puedes llamarme exagerada si quieres, pero jamás olvidaré el momento ni el día en el que Nico nos presentó. Aquella sonrisa tuya me transmitió paz, me transmitió algo que hizo que me enamorara de ti.
Desde aquel momento todos los momentos vividos contigo han sido perfectos. Desde el primer beso hasta la primera noche que pasamos juntos, aquellas escapadas a nuestro lugar secreto... ¡todo! Gracias por hacerme feliz durante este mes... ¡y los que nos quedan por delante!
Te quiero, cariño."
Nada más leer la carta, Antoine la abraza. La besa, se tira encima suya para no soltarla nunca. Poco a poco la desnuda, la levanta, no puede dejar de besarla.
Y allí están... los dos desnudos debajo de las sábanas de aquella habitación, su habitación.

No muy lejos de allí...
-Samantha, me has retenido más de dos horas, he quedado... ¿puedo irme ya?
-No, tú eres mío - una chica algo mayor que él está encima suya. Lo besuquea en cuanto tiene ocasión, pero él se aparta.
-Héctor, Héctor, Héctor... ¡no te me resistirás!
Se levanta por un momento pero poco después vuelve a tirarse encima de él. Sin tímidez alguna prueba a meterle la mano debajo de los calzones. Héctor da un bote al sentir la mano de aquella loca allí abajo.
-¡¿Pero qué haces?!
-Vamos Héctor, si quieres... - se quita la camiseta. Poco después se quita el sujetador. Héctor se queda sin palabras. "Aunque esté loca, también está buenísima" piensa.
Poco a poco aquello que había sido una retención en contra de su voluntad se había convertido en algo conjunto. Le quita la falda poco a poco mientras mira sus senos. Ella sigue tocando ahí donde tenía la mano metida desde hacía rato. Él le quita la última cosa que le queda, aquellas preciosas bragas moradas. Ella en muy poco tiempo logra desnudarlo completamente.
Y los dos acaban fundiéndose el uno con el otro. Justo lo que ella había deseado durante meses.
Pero ahora lo que a él le preocupa es Nora. Aunque en cuanto besa a Samantha se le olvidan Nora y todas las preocupaciones.

sábado, 21 de agosto de 2010

Capítulo 24: Te quiero.

Abre los ojos. Ella está allí. Sentada justo frente a él, con las piernas cruzadas. Nico pestañea, todavía tiene sueño. Anoche llegó tarde ya que salió a tomar algo con su amigo Antoine, al que hacía varias semanas que no veía.
Hubiera elegido un buen restaurante para ir a cenar, pero conoce a su amigo y sabe que prefiere una buena hamburguesa, algo rápido.
- Y bueno, cuéntame, ¿cómo te va con Ana?
-Tengo que darte otra vez las gracias por presentarmela, es perfecta, ¡todo entre nosotros va genial!
-Me alegro tío, mucho
-¿Sabes...? Voy a decirle que se venga a vivir conmigo, conmigo y con mis padres, mañana quedaré con ella y se lo diré, estoy muy ilusionado
-¿Tus padres qué opinan al respecto?
-Están de acuerdo en todo, la adoran - Antoine sonríe entusiasmado con la idea de vivir juntos, de despertar cada mañana junto a ella, de poder pasarse días enteros a su lado...
Nico y Antoine siguen hablando, sobre Ana, sobre Sara, sobre la familia de cada uno, sueños, novedades...
-En fin Antoine, tengo que marcharme, Sara estará esperándome, espero verte otro día sin que pasen semanas de por medio
-Vale Nico, te llamaré en cuanto pueda, lo prometo, y saluda a Sara de mi parte
-Lo haré, y suerte con lo de Ana
-Gracias
-Adiós
-Chao, ¡nos vemos!
Nico coge un taxi. Lo deja frente a la casa de Sara.

Vuelve a aquel día por la mañana.
-¿Cómo has dormido?
-Muy bien, ¿y tú?
-Genial - sonríe - lo que pasa es que ya no podía dormir más y por eso estaba ahora despierta.
Nico sonríe, aun sin ganas todavía de mover un dedo.

Nora se mira en el espejo. Sigue sin estar conforme con el pelo que lleva. Prueba a hacerse dos trenzas, pero sigue sin gustarle. Finalmente encuentra una diadema en uno de los cajones de su madre. Le gusta.
Se pinta la raya de los ojos. Perfecta. Un poco de colorete y ... ¡terminado!
Poco después alguien llama a la puerta. Nora corre escaleras abajo en dirección hacia el recibidor.
Abre convencida buscando el rostro de Héctor, pero quién está allí no es él.
-¿Jonathan?
-Nora, ¿pueblo hablar contigo?
-Sí, pasa - Jonathan entra en el salón, se sienta en el sofá más próximo a la ventana.
-¿Quieres beber algo?
-No, gracias, si no voy a quedarme mucho rato, tranquila.
Nora se sienta en el sofá, a su lado.
-Estás realmente guapa, hacía tiempo que no te veía...
-Gracias, sí.. bastante
-Bueno, voy a lo que quería decirte...
-Cuéntame
-Sé que estás saliendo con Héctor, me lo contó ayer
-Esto... yo... quería habertelo contado... pero...
-Sé que no querías que me hiciera daño, Héctor me lo dijo, pero aunque intente evitarlo me duele, porque yo siempre te he querido... y te quiero, pero solo quiero que tú seas feliz, y si así lo eres, enhorabuena, y ¡suerte con él!
-Gracias Jonathan, gracias por entenderme, en serio
Jonathan se levanta del sofá. Admira por última vez a Nora. La abraza a modo de despedida. Ella lo acompaña hasta la puerta, se despiden con un par de besos y Jonathan se marcha calle abajo.

"Todos los días, a todas horas, cada minuto y hasta cada segundo, pienso en ti, no hay nada más que no seas tú y tu dichoso olor, te quiero."
-No me gusta, demasiado cursi, no...
Vuelve a leer lo que hay escrito sobre aquel folio, solo unas líneas, algo de imaginación, y un resultado pésimo.
Rompe el folio. Acto seguido coge otro de debajo de su mesa y comienza a escribir. Sí. Este parece que logra convencerla. Ana mira cada una de las palabras que ha escrito, corrige algunas, pero todo lo demás es perfecto.
En esos momentos suena su móvil. Ana lo coge inmediatamente ya que lo tiene en la misma mesa.
-¿Diga?
-Soy yo, ¿estás haciendo algo?
-No, cariño, pásate por casa si quieres, te espero aquí
-Vale, te quiero
-Y yo
Cuelga. Se levanta de la silla. El folio se ha quedado allí, encima de la mesa. Entra en su habitación pero de repente suena el telefonillo. Debe de ser Antoine, ¡qué rápido!
Abre la puerta y, en efecto, Antoine está allí con un ramo de rosas rojas. Ella se avalenza sobre él y lo besa.
Hoy hacen un mes, que aunque parezca poco, para ellos ha sido el mes más especial de sus vidas.
-Tequiero, Antoine
-Yo tambié, Ana, y mucho - se besan.

lunes, 2 de agosto de 2010

Capítulo 23: Meses

Tanto los meses, como las semanas, los días, las horas, incluso los segundos, son solamente transcurso de tiempo, un transcurso que nos ayuda a cicatrizar, a romper con el pasado, que nos enseña a ser lo que realmente somos en estos momentos.

Un mes ha pasado desde aquel encuentro entre Héctor y Jonathan después de la sesión fotográfica de Jonathan, un mes desde aquella noche que vivieron juntos Ana y Antoine, desde aquellos besos en el cine entre Héctor y Nora, un mes era lo que Nico llevaba viviendo en casa de Sara.

Sí, Nico se había mudado a casa de Sara, los problemas en su casa no hacían más que aumentar, así que ella misma decidió poner una solución a todas las preocupaciones de sus padres: Nico viviria con ella, él la ayudaria en lo que no pudiera hacer, así ambos eran felices, y sus padres no tenían que preocuparse por nada.

-En esta calurosa tarde de Julio me he dado cuenta de algo...
Héctor mira a Nora mientras ella suelta el humo de aquel cigarro recién encendido.
-¿De qué?
-El cielo está más azul que nunca, los pájaros vuelan libremente por ese cielo, sin ataduras, sin comentarios de gente... quiero ser como uno de ellos, quiero estar contigo sin estar dependiendo de lo que puedan decir las personas
-Héctor... estás loco
-No, no lo estoy, y si lo estuviera seria de amor, te quiero Nora
-Héctor... ya te he dicho mil veces que no quiero hacerle daño a Jonathan, tampoco a Nico...
-Porque aún le quieres... ¿y crees que esto es lo mejor?¿Pasar todo el verano quedando todos los días en este lugar para que nadie nos vea?
-A ver, ¿tú eres feliz?¿Eres feliz con esto? Piensalo
-Con estar a tu lado me basta para serlo
-Pues ahí tienes tu respuesta... no hace falta que todo el mundo sepa que nos queremos, una relación es cosa de dos, no de veinte personas, yo te quiero, tú me quieres, no hay más
-Yo te quiero pero tú sigues queriendo a Nico aunque te cueste admitirlo
-Me ofende que pienses eso de mi
-La verdad es que no lo pienso, no siempre, pero hay momentos en los que llego a esa conclusión

Nora deja caer su cuerpo hacia atrás. Deja que su espalda choque con aquel campo en el que pasan prácticamente todos los días Héctor y ella. Solos. Pero juntos...

En un lugar no muy alejado...

se oyen risas en aquella pequeña casa. El salón está lleno de gente, gente con dinero, gente bien vestida.
Entre todos ellos destaca aquel chico con el pelo desaliñado, con su típica ropa, aunque tengo que decir que va más arreglado que de normal.

-Ana, sigo viendome raro
-Antoine estás perfecto

Ana lo besa en los labios. Un ligero beso antes de que sus padres lleguen.

-Así que este es el famoso Antoine - el padre de Ana extiende su mano a modo de saludo hacia Antoine
-Sí, usted debe de ser su padre
-Exacto, el mismo
-Es un placer conocerlo, señor
-Mmm... que educado, me gusta, me gusta

Poco después llega la madre de Ana

-Oh, hola Antoine, ¿cómo va tu madre? Hace días que no la veo
-Hola señora Hurts, mi madre bien, estos últimos días ha tenido que hacer unos recados y por eso no se ha acercado por allí
-Bueno, pues saludala de mi parte
-Lo haré, no se preocupe - Antoine sonrie

Siguen hablando. De cosas intranscendentales, asuntos de trabajo, en fin... de todo un poco.

-Cariño, has estado genial, ¡que bien que ha salido todo! - le dice Ana a Antoine
-Sí, amor, todo ha salido como esperabamos- sonrie

Jonathan camina por la casa, buscando un sitio donde tumbarse, pero nada, no encuentra un sitio en el que esté cómodo.
Prueba el sofá, después la cama, pero nada...

-Este calor está matandome, ¡necesito un aire acondicionado!

Decide ir a Media Markt, allí mira varios modelos, parece que ninguno le convence...
hasta que lo ve, y decide llevarselo a su casa.
Un chico muy amable de allí le acompaña a su casa para después instalarselo y ayudarle con lo que le haga falta.
Llegan a casa de Jonathan y se ponen a montarlo y a instalar todo lo necesario para que funcione.
Una vez todo terminado Jonathan le ofrece una cerveza, por el trabajo que le ha ahorrado, y este acepta encantado.

-¿Y cómo dices que te llamas?
-Hugo, ¿y usted?
-Hablame de tú, por favor... Jonathan
-Encantado Jonathan
-¿Desde cuándo llevas trabajando allí?
-Desde el invierno pasado, me metieron porque conocía mi madre a gente de allí, y no me costó mucho meterme
-¿Y esto suelen hacerlo normalmente? Esto de acompañar a la gente a su casa y ayudarles...
-No, pero tú eres un caso especial- Hugo lo besa...

jueves, 10 de junio de 2010

Capítulo 22: ¿Héctor?

Tarde nublada. Tarde triste, apagada. Parece que va a ponerse a llover de un momento a otro.
Allí está ella, sentada en un borde de los escalones que llevan directamente a la cafetería del instituto. Se retrasa un poco, pero Nora no se pone nerviosa, no cree que la vaya a dejar tirada, no, no es así.
Poco después de la hora concretada llega Héctor pidiendo disculpas por su tardanza, Nora le dice que no ocurre nada y los dos se marchan de allí en el coche de Héctor.
De camino al cine todo son risas, Nora cambia un par de veces la música que Héctor tiene puesta en su reproductor, mientras él hace ver que se enfada con ella por quitarle su música.
Entre palabras y risas llegan finalmente al cine. La sesión de las siete y media. Todavía queda una hora y pico de espera.
Van a un bar que hay dentro del centro comercial. Nora se pide un bocadillo, está muerta de hambre, Héctor prefiere beber algo, por lo que se pide un café.

-Si te parece muy moña puedes decirmelo, no voy a enfadarme
-¿Qué quieres... que devuelva ahora las entradas? - Hécto ríe
-¡Tonto! tampoco eso, pero sí que me lo digas, quiero que seas sincero conmigo
-Y lo soy, la película me gusta, aunque todavía no la haya visto. Puede que preferiria ver otras pero no me desagrada
-Bueno, pues cuando salgas llorando del cine veremos quién es el que prefería ver otras - esta vez es Nora la que ríe.

"Cómo duelen las mañanas resaqueras" es lo primero que piensa Ana en cuanto despierta. Poco recuerda de la noche anterior, de su noche con Antoine. Ana se gira, apoya todo su peso en su lado izquierdo, y lo ve. Antoine está allí, durmiendo. ¡Y con el pijama de su padre!

-Antoine, ¿qué haces aquí?
-Mmmm...
-Antoine, ¡despierta!
-¡¿Qué, qué pasa?!
-¿Qué pasó anoche?
-Bueno, bebimos, algún que otro beso tonto, me invitaste a tu casa porque tus padres no estaban, pero no, no pasó nada, tranquila
-¿Seguro?
-Te lo prometo. Si quisiera hacer algo contigo me esperaría a que no estuvieras borracha, me gustaría que te acordaras - Antoine sonríe
-¡Bobo! - y Ana le pega. Acto seguido Antoine la besa, y se pierden allí, entre aquellas sábanas, en una casa en la que no hay nadie, solo ellos, solo dos enamorados que a penas se conocen pero que entre ellos hubo esa química desde el principio.

Nico enciende su ordenador. Entra directamente al messenger, busca a Nora, sí, le apetece quedar con ella. Pero allí no está. Sara empieza a hablarle pero Nico le dice que tiene unas cosas que hacer.
Sara no os creais que era una chica fea, ni pesada ni cosas así, todo lo contrario. Era una chica bastante extrovertida, de tez blanca, algunas pecas cubrían su rostro, morena, algo bajita pero eso la hacía especial.
Pero Nico por mucho que no quisiera o por mucho que le costara aceptarlo, a la que realmente quería y había querido desde que la conoció era a Nora. Cuantísimas noches, antes de conocerla, había soñado con el primer encuentro... imaginaba sus ojos azules cada día, le gustaba imaginar también su pelo castaño algo oscuro, era bastante alta, sí, pero a él no le importaba, ya que la superaba aunque no fuera por muchos centímetros.
Nico da la vuelta a la silla de ordenador y ve su cama. Está llena de trastos, ropas malolientes y otro tipo de objetos. Decide arreglarlo todo un poco para que su padre no se cabrée con él cuando llegue a casa.
Nico solo tenía a su padre. Su madre murió cuando él a penas tenía dos años. Fue una pérdida bastante dura para su padre, ya que habían pasado muchos años juntos antes de tener a Nico.
Su padre solía preocuparse por él. No era el típico padre que sale en las películas pasando de su hijo, no, este le daba el cariño por los dos, por él y por su madre.

-¡Vamos, va a empezara ya! ¡Quiero comprar palomitas!
-¡Qué exigente eres! Venga, vamos ya
-¡Tú eres tonto!
-Menos que tú, guapa
-¡No intentes alagarme, gañán!
-Verdades, señorita, verdades
-Mentiras, solo son eso... ¡mentiras!
-Nora...
-¡Va, es la sala 6, corre!
-Pero Nora...
-No quiero tener que arrastrarte por todo el cine... ¡va!
-Vale, voy...

Una sala normal. Ni demasiado grande ni demasiado pequeña. No está mal para lo barata que les ha salido la entrada.
Se sientan en una fila del final. La sala no está muy llena, ya que hacía varios días que la habían estrenado.

-Nora...
-¿Qué quieres, Héctor?
-Si te digo algo... ¿te enfadas?
-¿No te gusta la película? ¡¡Lo sabía!! - toda la gente se gira inmediatamente hacia donde están Nora y Héctor - perdón.
-No, lleva la mitad, y no está tan mal
-¿Entonces...?
-Creo que me estoy enamorando de ti...
-¡¿Cómo?!
-Pues eso, que me gustas lo suficiente como para tener el valor de poder decirtelo
-Pero... yo...

Héctor no la deja hablar y la besa. Pero Nora no se aparta. "Mmm... no besa mal el chico" piensa.
Siguen viendo la película entre algún que otro beso. Nora ha decidido vivir esta tarde con Héctor, mañana no se sabe lo que pasará, pero si hoy tiene que disfrutar de esto, disfrutará.

pd: ¡vive el momento!

Capítulo 21: Fotógrafo

-Sara, tengo que irme, mis padres no sabían que no iba a ir a cenar
-Tendrias que haberlos llamado
-Bueno, se lo explicaré cuando llegue. No creo que me digan nada. ¡Nos vemos mañana!
-Vale, ya te llamaré.

Nico tenía 20 años, estaba estudiando informática en la universidad.
Sara también tenía 20 años pero no estudiaba informática, aunque sí que iba a la misma universidad.
Nora tenía 17, iba a primero de bachillerato, ciencias. Quería estudiar psicología.

Apaga su cámara. Ciento treinta fotos nuevas. Momentos, gente, calles...
Al menos no ha pensado en ella. Aunque la quiere. Pero tiene que asumirlo, no hay más.
Entra en el Starbucks. Una mañana nublada. Oscura. Apagada. Como él. La noche anterior prácticamente no había dormido, no podía. Se había pasado toda la mañana haciendo fotos, fotos con un oscuro cielo de fondo.
Pide un frapuccino, caramelo. Se sienta en uno de aquellos sofás tan cómodos. No hay mucha gente. Gente que sale del trabajo para descansar y almuerzan allí.
Un chico de pelo largo entra entonces por la puerta.
Pide un frapuccino de chocolate. Se sienta en frente de Jonathan, pero este no se da cuenta.

-Hola Jonathan - Jonathan levanta la mirada de la mesa
-Héctor, ¿cómo estas?
-Bien, bien, ¿tú qué tal?
-Bueno, no demasiado bien...
-¿Problemas con alguna chica?
-Nora...
-¿Nora?
-Sí, ¿te acuerdas de ella? Te la presenté hace tiempo, ¿no?
-Sí, me acuerdo
-¿Por qué te has sorprendido?
-El otro día estuve con ella, bueno, ayer mismo. ¿Estuvisteis juntos?
-Sí, varios meses. ¿No te comentó nada?
-No, acabo de enterarme

Héctor prefiere ocultarle que le había mandado aquel mensaje a Nora para ir al cine. Con Nora. Su ex. La chica por la que él ahora estaba mal.

-Jess, ¿tienes los ejercicios de inglés?
-No Maria, no los tengo. ¿No los has hecho?
-No

Nora mira a través de la ventana mientras la profesora de matemáticas habla. Llueve. Los árboles que rodean el instituto están mojados. La gente pasa corriendo por la calle para no mojarse.
Nora piensa en la película qué ver con Héctor. ¿Perdona si te llamo amor? Quizás le guste. Puedo acabarme el libro en castellano y esta tarde ir a ver la película. Sí.
Nora saca el móvil del estuche. Escribe un mensaje.

"¿Perdona si te llamo amor? Si prefieres otra dimelo. Es que a mi me gustan bastante las románticas. Nora"

Nora se gira. Marcos mira fijamente a Paula mientras esta escribe lo que la profesora dicta.

Héctor recibe el mensaje.
Saca el móvil. Jonathan intenta leer el mensaje, pero no lo logra.

"Vale, o si prefieres lo miramos allí, por si vemos otra. ¿Paso a por ti cuando salgas o voy a por ti a tu casa?"

"Ven a por mi a la salida. A las cinco salgo. Te espero aquí. ¿Sabes dónde está?"

"Sí, pasaré a por ti. ¡Un beso!"

Jonathan mira a Héctor.
-¿Quién era?
-Una amiga, estaba haciendo planes para esta tarde
-¿Amiga? - Jonathan enarca una ceja
-No seas mal pensado, es solo una amiga
Jonathan ríe.

Poco después se marchan de allí. De camino a casa de Héctor, Jonathan va enseñandole las fotos que ha hecho esa misma mañana. Las comentan y siguen andando, sin dejar de hablar de cosas pasadas, presentes, futuras...
Ambos suben a casa de Héctor. Su hermano los recibe nada más llegar. Un chico simpático, un año más mayor que ellos.
Entran en la habitación de Héctor, una habitación bastante ordenada, paredes blancas.

-¿Ese era tu hermano?
-Sí, ¿por?
-¿Cómo se llama?
-Oliver
-Parece simpático - sonríe
-Si quieres hablar con él, su habitación es la del fondo
-No, otro día

Y siguen allí, hablando, riendo, haciendo cosas típicas de una mañana entre amigos.