Nora mira el teléfono. Hace una hora que Jonathan se ha marchado y hora y media que había quedado con Héctor. Decide llamarlo, pero su móvil está apagado.
Nora se tumba en el sofá e intenta distraerse viendo la televisión.
"En algún momento tendrá que venir" piensa. Pero pasa otra media hora y allí no aparece nadie.
Decide subir a su cuarto. Después pasa por el baño y se quita el maquillaje. Se recoge un moño y va a la habitación de su hermana.
-Carol, me voy a dormir
-¿Pero no habías quedado con Héctor? Además, son las cuatro de la tarde...
-Quiero dormir un rato...
-Bueno, está bien... ¡si llama alguien te aviso!
-Vale - Nora cierra la puerta y se tumba en su cama.
-¡¿Que quieres que me vaya a vivir contigo?! - Ana está ilusionada
-Sí, vente, mis padres han aceptado sin problemas
-¿Y mis padres?¿Qué voy a decirles?
-¡Si quieres yo hablo con ellos, o mis padres hablan con ellos...! - Antoine también está emocionado, sonríe.
Ana lo besa. Esa misma noche hablará con ellos y no tardará mucho en irse a vivir con la persona que más quiere en el mundo.
-Espera, dame un minuto, ¡no te muevas! - Antoine permanece sentado en la cama de Ana mientras ella viene.
Ana corre contenta hacia el salón, buscando el folio que había dejado antes sobre la mesa. Lo encuentra. Repasa bien las palabras que ha escrito. Acto seguido vuelve corriendo a su habitación, se avalanza sobre Antoine y le da el folio.
"Este ha sido el mejor mes de mi vida, puedes llamarme exagerada si quieres, pero jamás olvidaré el momento ni el día en el que Nico nos presentó. Aquella sonrisa tuya me transmitió paz, me transmitió algo que hizo que me enamorara de ti.
Desde aquel momento todos los momentos vividos contigo han sido perfectos. Desde el primer beso hasta la primera noche que pasamos juntos, aquellas escapadas a nuestro lugar secreto... ¡todo! Gracias por hacerme feliz durante este mes... ¡y los que nos quedan por delante!
Te quiero, cariño."
Nada más leer la carta, Antoine la abraza. La besa, se tira encima suya para no soltarla nunca. Poco a poco la desnuda, la levanta, no puede dejar de besarla.
Y allí están... los dos desnudos debajo de las sábanas de aquella habitación, su habitación.
No muy lejos de allí...
-Samantha, me has retenido más de dos horas, he quedado... ¿puedo irme ya?
-No, tú eres mío - una chica algo mayor que él está encima suya. Lo besuquea en cuanto tiene ocasión, pero él se aparta.
-Héctor, Héctor, Héctor... ¡no te me resistirás!
Se levanta por un momento pero poco después vuelve a tirarse encima de él. Sin tímidez alguna prueba a meterle la mano debajo de los calzones. Héctor da un bote al sentir la mano de aquella loca allí abajo.
-¡¿Pero qué haces?!
-Vamos Héctor, si quieres... - se quita la camiseta. Poco después se quita el sujetador. Héctor se queda sin palabras. "Aunque esté loca, también está buenísima" piensa.
Poco a poco aquello que había sido una retención en contra de su voluntad se había convertido en algo conjunto. Le quita la falda poco a poco mientras mira sus senos. Ella sigue tocando ahí donde tenía la mano metida desde hacía rato. Él le quita la última cosa que le queda, aquellas preciosas bragas moradas. Ella en muy poco tiempo logra desnudarlo completamente.
Y los dos acaban fundiéndose el uno con el otro. Justo lo que ella había deseado durante meses.
Pero ahora lo que a él le preocupa es Nora. Aunque en cuanto besa a Samantha se le olvidan Nora y todas las preocupaciones.